Amado Henríquez: “Aquí sólo Dios nos protegió”

By on 3 diciembre, 2009
La colonia Santa Rosa, del municipio de Guadalupe, San Vicente, fue una de las más golpeadas por el deslave que bajó desde el volcán Chinchontepec, el sábado 7 de noviembre pasado. (foto de El Salvador Noticias)

La colonia Santa Rosa, del municipio de Guadalupe, San Vicente, fue una de las más golpeadas por el deslave que bajó desde el volcán Chinchontepec, el sábado 7 de noviembre pasado. (foto de El Salvador Noticias)

Amado Henríquez, es  un hombre de unos 65 años, residente de la colonia Santa Rosa, ubicada  en el municipio de Guadalupe, departamento de San Vicente, que fue seriamente devastada por una correntada de lodo, piedras y palos que bajaron desde el volcán Chinchontepec, entre la noche del sábado 7 de noviembre, y la madrugada del domingo 8.

 Henríquez, que el día lunes 9 de noviembre se encontraba rescatando algunos restos de su vivienda, que fue alcanzada en parte por el aluvión, manifestó que él y su familia de milagro se salvaron, ya que la correntada no dio tiempo para buscar protección.

El residente de la colonia Santa Rosa, municipio de Guadalupe, San Vicente, dijo que la noche cuando bajó la correntada de agua y piedras, él escuchó un ruido similar al de unos 10 helicópteros.  Fueron momentos de confusión.

Recordó que todo ocurrió de forma rápida, y que los habitantes de la colonia no tuvieron la posibilidad de salir en busca de refugio.

Además señaló que los miembros de la comunidad, entre los que estaban niños, jóvenes, adultos y ancianos, no tenían a dónde ir, ya que todo estaba a oscuras, porque no había energía eléctrica.

“No nos dio chance de salir. Aquí sólo Dios nos protegió”, afirmó Henríquez mientras rescataba algunas láminas de zinc y parte del tejado de su vivienda que le botó el aluvión.

“Ahí enfrente, habían como diez casas, todas esas se las llevó la correntada”, dijo Henríquez, señalando el lugar donde vivían sus vecinos.

El deslave a la entrada de Guadalupe, alcanzó  en algunos lugares aledaños al centro del municipio,  unos 60 metros de ancho.

Ese deslave, que incluyó rocas del tamaño de una casa, destruyó viviendas de la colonia Santa Rosa desde sus arranques.

Para fortuna de Amado Henríquez y su familia, el aluvión se desvió de su vivienda y podrá contar su historia para las futuras generaciones.

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