“Que la iglesia vuelva a hablar un poquito como él hablaba”

By on 22 marzo, 2010

¿Cuál es el legado de Monseñor Romero para el pueblo salvadoreño?

Jon Sobrino, sacerdote jesuita.

Jon Sobrino, sacerdote jesuita.

El pueblo salvadoreño quiere vivir en paz, con justicia. Como hermanos y hermanas. Sabemos todos de las dificultades que hay. Mucha gente ha tenido que irse del país. Sabemos de la violencia que hay por diferentes causas. El legado cuál es: que cada uno haga lo posible por cambiar eso. ¿Cómo?  Los que están en la educación en los colegios, educando a los niñitos y niñitas, que les animen a no caer en el egoísmo, sino en la solidaridad. Los que están en universidades, yo estoy en una de ellas (UCA), en conocer mejor la realidad del país, analizarla bien. Los que están en los cuerpos de seguridad, en ser –como él decía- honrados, que defiendan a la gente. Por supuesto que no caigan en corrupción. Los que están en los partidos políticos, la Asamblea, que se olviden de que pertenecen a un partido, y que piensen en el bien del pueblo. Los que están en el gobierno, lo mismo. Y la iglesia, que la iglesia vuelva a hablar un poquito como él hablaba. No es fácil, todos sabemos… Los señores obispos, los sacerdotes, que sintamos el dolor de este pueblo y que les consolemos. Estas cosas me parecen a mí que quiere Monseñor.

¿Tuvo que morir Monseñor para que hubiera una paz en el país?

Claro, definitivamente. Monseñor fue como Jesús de Nazaret, como Cristo. ¿Cristo qué quería hace 2 mil años? Que en aquel pueblo, que hoy es Palestina, la gente viviese como hermanos, sin opresores y oprimidos, sin oligarcas decimos hoy. Y cuando estalló la guerra aquí, Monseñor cuántas veces decía que lo más importante es que haya paz, y murió porque había gente que no quería la paz, que quería la guerra. Y sobre todo, los más poderosos querían ganar la guerra, para seguir con sus privilegios. Esto es sabido, no estoy diciendo nada que la gente no sepa, pero es importante que siempre lo recordemos.

Son 30 años después de la muerte de Monseñor Romero, los que se conmemoran el 24 de marzo ¿qué opina de esto?

Han pasado 30 años. Yo creo que en muchos lugares Monseñor Romero se ha convertido en una persona muy importante. Está muerto pero está vivo. Si uno viaja un poquito… He estado en África, lugar de una pobreza inmensa, y sin embargo, muchos le recuerdan. Y cuando ven a un obispo africano hoy,  que defiende, por ejemplo en El Congo, -un país en guerra donde han muerto 4 ó 5 millones de personas-, cuando ven a obispos buena gente, dicen: “ese es como Monseñor Romero”. Y así en muchos otros lugares.

¿Sirve él como ejemplo?

Sí, sí, y lo conocen. Estuve hablando con una niñita africana pobre. Ella hablaba en inglés y yo hablaba en inglés, así nos entendíamos un poquito, y le dije: ¿usted qué sabe de El Salvador, qué conoce? Y me dijo: “Un Obispo”. Sabía de Monseñor Romero. Eso es bueno. Y no sólo para ponernos contentos a nosotros los salvadoreños, y orgullosos evidentemente, sino para ver que ahí donde hay gente buena, se piense sobre Monseñor Romero. Lo mismo ocurre con el padre Rutilio Grande, que murió ahora hace 33 años, con las hermanas de la orden Maryknoll, las cuatro religiosas, con los 10 sacerdotes diocesanos, como los seis padres jesuitas, como el obispo Joaquín Ramos, que muchas veces los olvidamos. La gente buena a veces aquí no es tan conocida, o ha sido ignorada por la prensa o la televisión oficial, ahora está cambiando un poquito eso. Pero en muchas partes del mundo son conocidos y amados. Monseñor Romero es admirado, sin duda, pero para mí lo mejor es que a él la gente lo quiere, y le quería. Se decía: “viene Monseñor Romero al cantón”, y la gente estaba contenta. Ojalá eso se recupere, y seamos nosotros los que somos padres, los que son obispos, los que son políticos, que la gente nos quiera porque hacemos el bien a la gente, eso es lo más importante de Monseñor.

¿Cuál fue su relación con Monseñor Romero?

Yo tuve la gran suerte de ser muy cercano a él, porque cuando mataron al padre Rutilio Grande, que era jesuita, yo era amigo del padre Rutilio Grande, y monseñor Romero comenzó a preguntar: ¿qué vamos a hacer después del asesinato de Rutilio Grande? Yo tuve la suerte de estar con él, de ayudarle en lo que yo podía. La gente de la UCA le ayudábamos, cuando nos pedía, en análisis políticos, teológicos, en publicar libros, pero sobre todo mi relación fue, como la de muchos otros, de un gran amigo. Yo le tuve verdadera reverencia, pero sobre todo una entrañable amistad.

Los salvadoreños están pendientes de la canonización de monseñor Romero, ¿Sabe cómo avanza eso?

No, no lo sé porque esas son cosas de las curias en el Vaticano, ellos saben. Pero canonización ¿qué significa? Bueno, decir al mundo que un señor, una mujer fue buena, un santo. Eso está claro ya. Esta claro que Monseñor Romero fue una buenísima persona, un santo que se parecía a Jesús. El padre Ignacio Ellacuría (ex rector de la UCA, asesinado en 1989), a los tres días de que matasen a Monseñor, dijo: “Con Monseñor Romero, Dios pasó por El Salvador”. Esa es una forma de canonizar. Y hoy tenemos aquí la eucaristía (del 20 de marzo 2010), y la procesión de las gentes que vienen (Jon Sobrino estaba en la Catedral Metropolitana, en espera de una peregrinación que venía desde El Salvador del Mundo hacia la Catedral, en memoria de Monseñor Romero), es la forma de decir: para nosotros Monseñor es Santo. Que un día en Roma lo hagan oficial…

¿Sólo falta que lo hagan oficial en Roma?

Sí pero falta y no falta. Está bueno que lo hagan, pero no hace falta tampoco, porque a la gente no se le quiere porque alguien de un decreto de que alguien es santo, o cuando hay un premio nobel, la gente quiere a esa Gente antes de que haya una declaración oficial. Es bueno que la haya, sobre todo para las generaciones que vienen. Pero yo creo que Monseñor Romero vive en el corazón de mucha gente, como él dijo: “Si me matan resucitaré en el pueblo salvadoreño”, y de muchas formas ha resucitado.

¿Quiere decir que Monseñor Romero ya es santo para los salvadoreños?

Bueno para mí sí, sin duda. Pero ¿por qué? Porque se parece a Jesús de Nazaret, mucho.

¿En qué?

Compasivo como Jesús de Nazaret, decía la verdad. Jesús de Nazaret denunciaba a los fariseos, a los escribas, a los sumos sacerdotes que tenían el poder religioso. Jesús de Nazaret defendió a los pobres y lo mataron. Cabalito como monseñor Romero, o si quieren, monseñor Romero murió cabalito como Jesús de Nazaret. Y Jesús de Nazaret creemos nosotros que vive, que resucitó. Monseñor Romero también ha resucitado.

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