El reportero gráfico no tiene la culpa (EDITORIAL)

By on 1 abril, 2010

En relación al proceso abierto por la jueza Segundo de Menores contra un medio de comunicación por haber publicado la identidad de un menor homicida, y los señalamientos hechos contra el reportero gráfico que hizo las fotos del forcejeo que concluyó en homicidio en un alumno del INFRAMEN, creemos que no es contra ellos que se debe fijar la vista de los aplicadores de justicia, sino contra los acusados de haber cometido el crimen.

Se ha citado al tribunal a los responsables de haber publicado la información con identidad e imágenes del menor, el principal acusado en el hecho, pero creemos que esa no es la salida a un tema que ha causado grave conmoción en la sociedad.

El enfoque debería estar en función de cómo aplicarán justicia en el caso, ya que por el otro lado existe una familia del joven estudiante del INFRAMEN asesinado, Carlos Francisco Garay Granados, que pide se haga justicia en el caso.

Y aún cuando las actuales leyes no le garantizan a la familia ofendida, una sanción como la que ellos quisieran para el principal sospechoso del crimen, debido a las leyes juveniles actuales (el máximo de años en prisión son 7 para un menor infractor), pero la autoridad judicial debería estar enfocada en hacer justicia en el caso, y no desviar su atención en otros procedimientos.

El crimen de Garay Granados ha generado conmoción no sólo en El Salvador, sino fuera de nuestras fronteras patrias.

Por tanto el país y sus aplicadores de justicia están siendo observados también desde el exterior, y debemos dejar al final una buena imagen; eso sí, cumpliendo con todas las normas legales y humanitarias que también a los hechores la ley les garantiza.

Pero el caso es que al fotoperiodista que captó las imágenes, también se le está criticando porque no intercedió, pese a estar frente al hecho. Pero ese mismo caso lo observaron decenas de personas que pasaban por el lugar en sus vehículos, según ha sido publicado, no sólo el fotoperiodista.

Además, en caso de intervenir pondría también su vida en peligro y su labor profesional.

Pero aquí ha habido hechos graves, en donde bien se le habría recriminado a los fotoperiodistas del por qué no actuaron a favor de las víctimas, en lugar de cumplir con su labor profesional.

Tal es el caso de cuando ocurrió el atentado contra Monseñor Óscar Romero. Ahí están las fotografías de cuando ocurrieron los hechos, y bien se pudo haber dicho en ese momento del por qué el fotógrafo no dejó de captar imágenes, para echarle una mano al cuerpo de Monseñor Romero, cuando era trasladado hacia un vehículo.

Ha habido otros hechos, como cuando ocurrió un atentado contra FENASTRAS, durante el conflicto civil armado, en donde los fotógrafos captaron imágenes de quiénes resultaron heridos, que eran sacados por otras personas. Y los fotógrafos no dejaron a un lado la cámara para echarse al hombro los cuerpos de las víctimas.

Y muchos otros casos donde los periodistas se han visto en medio de tribulaciones de las personas que son víctimas o afectadas.

Por eso consideramos que no es acertado criticar al fotoperiodista tan a la ligera y recriminarle porque no intercedió.

Pero la ciudadanía debe saber también que los periodistas no son personas inhumanas, claro que colaboran cuando de pedir ayuda se trata. Los periodistas tienen contactos aquí y allá, y saben números telefónicos de aquí y de allá para pedir auxilio, cuando una o más personas están en apuros.

Pero esas son acciones que no se publican, esas son cosas que la gente de prensa se guarda con satisfacción.

Y en última instancia, al fotoperiodista no se le puede echar responsabilidades en un caso de violencia, porque la responsable de la situación de violencia del país, es la sociedad misma.

En todo caso, como dice el titular principal de esta nota: El  reportero gráfico no tiene la culpa. Y vaya nuestra solidaridad para él.

Al mismo tiempo vaya nuestra felicitación para él, porque solamente de esa manera –con el apoyo de sus jefes por supuesto- el mundo pudo conocer en toda su magnitud, un hecho tan trágico, que nos duele a todos.

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