Sobre el decreto para leer La Biblia en los Centros Escolares (Editorial)

By on 4 julio, 2010

El tema de la lectura de La Biblia en los centros escolares públicos y privados, mediante decreto legislativo que todavía debe ser estudiado por el Órgano Ejecutivo, ha generado diversas reacciones a favor y también en contra.

Los que defienden este decreto alegan que es mejor tener una persona religiosa, que una con actitud violenta.

Si reparamos en la violencia que se está viviendo en nuestro país, donde se respira inseguridad, principalmente para la niñez y juventud, estaríamos de acuerdo con este decreto. Pero la Constitución de la República de El Salvador establece que hay libertad de religión.

Ahí empieza el problema para los jóvenes que practican una religión. Y decimos practican porque esto es muy distinto, que saber de La Biblia y asistir a una iglesia. Muchas personas asisten a sus templos o lugares de adoración, pero no viven de acuerdo a la enseñanza bíblica. Conocer y practicar son dos verbos o acciones distintas.

Según el mandato que Dios le dio a Moisés, el líder del Pueblo de Israel, era que los padres deben enseñar a sus hijos los principios religiosos, es decir, estudiar La Biblia juntos. Y esto debe ser desde que los niños están pequeños.

Al ir creciendo los niños que asisten a los centros escolares, se ve claramente la diferencia entre un alumno que ha sido enseñado por sus padres y otro que no le han dado educación religiosa. Los maestros están capacitados para enseñar asignaturas, según su especialidad, pero no todos están capacitados para enseñar de La Biblia.

Leer un texto bíblico implica preguntar qué piensa el oyente, o explicárselo, según el conocimiento del que lo lee.

Hay alumnos que saben más de La Biblia que otros, y que probablemente, no estarían de acuerdo con los comentarios de algún texto; entonces, esto generaría tensión entre los estudiantes, y el maestro tendría un problema más de los que ya tiene.

Sobre todo podría haber un conflicto entre alumnos y profesores, si no llegan a un entendimiento respecto al tema.

Porque también habría que pensar en qué harían con los alumnos que no deseen participar de la lectura.

Decimos lo anterior porque para un profesor cada vez está más difícil ejercer su profesión, al tratar con diferentes personalidades, algunas muy difíciles de entender.

Opinamos que deben ser los padres de familia quienes enseñen a sus hijos las normas religiosas y morales, y que los maestros enseñen y expliquen la Constitución de la República.

Si lo analizamos desde el punto de vista de los que están en contra de este decreto y dicen que no es la solución, entendemos que quieren decir que no están de acuerdo en que se lea La Biblia en los centros escolares, pero sí están de acuerdo que se lea en sus hogares y en los lugares de adoración, donde asisten los padres con sus hijos.

Decimos esto porque son “pocos” los desconocedores de La Biblia, que son practicantes de valores morales.

Si los que se oponen al decreto, lo están enfocando desde el anterior punto de vista, qué bien, no podemos negar que un joven instruido en los principios bíblicos, presenta mejor conducta, que uno al que no le han enseñado.

Comparemos la desnutrición física con la espiritual: observemos un niño desnutrido físicamente, y descubriremos que está enfermo, así es el niño que está desnutrido espiritualmente, está enfermo de su espíritu y no puede ser feliz porque carece de alimento de calidad, es decir, alimento bíblico.

Repetimos, que deberían ser los padres de familia los que enseñen La Biblia a sus hijos, la lean y analicen juntos la lectura, es más, aprendan a meditar en lo que dice cada versículo.

Consideramos que si se leen cuatro o cinco capítulos de La Biblia, diariamente, se terminaría de leer el libro sagrado en un año.

Se puede ir en orden desde Génesis hasta Revelación o Apocalipsis. También se puede empezar a leer desde los evangelios, pues ahí están los relatos de la vida de Jesús, su enseñanza, que es la mejor, pues es el Maestro más excelente que ha existido.

Los progenitores están llamados a imitar a Jesús, para poder llegar al corazón de sus hijos, para que éstos sean personas de bien: amorosas, respetuosas, y sobre todo perdonadoras de los errores de otros.

Nuestros puntos de vista han sido expresados, teniendo en cuenta, que todos necesitamos ser perdonados por nuestro prójimo y por nuestro Creador.

Nuestro mayor interés en tocar este tema, es evitar que los niños sean discriminados o confundidos, por medio del manejo de las escrituras bíblicas.

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