“A ellas a ellos le pido perdón por todos los agravios cometidos en mi tierra”

By on 14 febrero, 2011

Juan José Sabines Guerrero, Gobernador de Chiapas, México.

Honorables diputadas y diputados agradezco el privilegio que me brindan, y más siendo un extranjero, de hacer uso de la palabra en la más alta tribuna de esta estimada patria, de la honorable Asamblea Legislativa de la República de El Salvador.

Permítanme decirles que como mexicano y como chiapaneco no me siento extraño en esta noble patria, me siento como si fuera mi casa, pues con la República de El Salvador nos unen lazos de hermandad indisolubles. Salvadoreños y chiapanecos compartimos geografía y la historia y el origen y el destino. Somos ramas del mismo árbol milenario de mesoamérica y nuestra savia proviene de la misma raíz.

Los lazos de hermandad que unen a la república El Salvador con el Estado de Chiapas son antiguos y permanentes. Compartimos una matriz cultural común que se remonta a le época prehispánica. Desde entonces estamos unidos por nuestras profundas raíces indígenas.

Los pueblos chiapanecos de la sierra, de la costa y del Pacífico tienen nombres como Comalapa, Masatán, Huehuetán, Escuintla o Huistla, muchos de ellos presentes en la nomenclatura geográfica salvadoreña, que recuerda el paso de la migración de Norte a Sur Nahuatl, que dio lugar al pueblo pipil que habita en el centro y occidente de El Salvador cuya lengua es la más sureña del tronco Yutoazteca , al que también pertenece el nahuatl mejicano. Mayas son las raíces del Pocomán y el Chortí, ya desaparecida, y de 11 de las 12 lenguas indígenas que se hablan en Chiapas.

Como dijera al recordar a su nana el noble antropólogo y lengüista Carlos Antonio Castro, salvadoreño que recibió el premio Chiapas por la magnífica obra que nos dejó luego de vivir muchos años en nuestra tierra. Decía en su lengua mayense: levemente me habla de las tangibles cosas, también de lo soñado, lo mismo del maíz y el agua, que del sagrado tejido, de los mitos, de un pueblo que ha llorado. En esos versos está nuestra estirpe común, la que nos hace iguales.

Salvadoreños y chiapanecos son mujeres y hombres de maíz, de ceiba, de guanacastle, de cedro, de caoba, de café y de cacao. En el período virreynal El Salvador y Chiapas formamos, durante largo tiempo, parte del mismo territorio: la capitanía general de Guatemala. Después de la independencia Centroamérica toda, incluyendo a Chiapas, formó parte del efímero imperio de Agustín Iturbide. A su disolución, El Salvador se integró a las provincias unidas de centroamérica para ser después una república independiente y Chiapas se afederó voluntariamente a México mediante un plebiscito que constituyo el primer ejercicio democrático de la historia de México independiente.

Al final del pacto que nos une con México le correspondió a Chiapas la condición de frontera sur de mi país. Pero a diferencia de la frontera norte que delimita y separa a dos naciones esencialmente distintas con modelos y grado de desarrollo claramente diferenciados, culturas y lenguas diversas, la nuestra es un espacio de convergencias plurinacionales; pero fuimos y somos hermanos, nos reconocemos en los sabores de nuestra mesa, en el eco de nuestras marimbas, en la voz de nuestros pueblos, y también en nuestras necesidades, en la pobreza que no puede ser normal ni debe ser destino irrevocable, en la necesidad de un mejor futuro para nuestros hijos, en la obligación que tenemos de cuidar nuestra prodiga naturaleza y en los riesgos que ante ella compartimos. Así como la atención de uno de los fenómenos sociales que están en el centro de interés de pueblos y gobiernos de todo el mundo: la migración.

La migración sumamente vinculada a la trata de personas en los últimos tiempos, nueva forma de esclavitud del siglo XXI, problema de orden mundial que produce al crimen organizado ganancias equiparables al narcotráfico y al tráfico de armas. La trata de personas es un delito que atenta contra todos los derechos humanos, atenta también contra la convivencia de los pueblos del mundo. La migración, que constituye un derecho universal, es utilizada por las redes criminales transnacionales, para cometer abusos y aprovecharse de la indefensión de quienes transitan por nuestra frontera con Centroamérica.

En las últimas tres décadas la dinámica migratoria latinoamericana, varios de cuyos países atraviesan dificultades económicas o transcurrieron por procesos de guerra civil, han modificado de manera sensible el entorno de Chiapas y de la frontera sur de México. Cada año miles de centroamericanos, muchos de ellos salvadoreños, transitan por Chiapas en busca de mejores condiciones de vida en los Estados Unidos. Cuando atraviesan por nuestro territorio no los sentimos ajenos, pues desde mucho tiempo atrás, unos y otros hemos viajado de norte a sur y de sur a norte para ser lo que somos y para buscar nuestro destino. Con su número, los migrantes salvadoreños, aunque tiende a disminuir, ocupa el tercer lugar de quienes provienen de Centroamérica, después de Guatemala y Honduras, entre los nacionales que pasan por Chiapas hacia el norte.

Como dice el presidente Funes: si las fronteras no existieran, no habría migrantes. Y es que las fronteras, antes que espacios de conflicto y diferencias, antes que tierra de nadie, deben ser puntos de encuentro, de entendimiento, hoy también para abordar uno de los mayores retos de nuestro tiempo: la responsabilidad universal de formular y poner en práctica políticas públicas que asuman a la migración como una realidad, como factor de cambio y desarrollo, y los derechos humanos no tienen fronteras.

En la frontera sur de México concebimos la migración en un enfoque de atención y solidaridad con los migrantes. Y es que hay dos maneras de gobernar: o se gobierna exclusivamente para los simpatizantes de un partido político, a un credo religioso, a una sola cultura u origen cultural o nacional, o se gobierna para todos, incluyendo a los más vulnerables, que en mi país no votan y que son los migrantes.

El PNUD de la ONU fue claro en su informe de 2009: que los migrantes no le arrebatan el trabajo a los locales, por eso en México, como lo propuso el presidente Felipe Calderón, la migración ya no es un delito, es un hecho y un derecho. En congruencia a la convocatoria del presidente de México, Chiapas concibe la atención del fenómeno migratorio con pleno respeto a los derechos humanos para nuestros hermanos migrantes, con quienes nos unen lazos históricos, culturales y de sangre.

En otras latitudes la migración sufre un proceso universal de criminalización, en la que cada vez son más frecuentas las prácticas que con barreras, muros, leyes y policías pretenden detenerla pero de forma ilusa, cuando la migración ha acompañado a la humanidad durante toda su historia. Todos somos o hemos sido de alguna manera migrantes. Si quieren detener la migración, que los países poderosos inviertan en los países subdesarrollados, en los estados que lo necesitan, esa sería una buena manera de detener la migración, porque nadie quiere dejar la casa ni la familia. No es fácil esa decisión. Se toma con una gran dificultad pero se hace con una gran valentía, corriendo enormes riesgos personales.

Chiapas se suma al trabajo del gobierno de la república de México, en materia de seguridad y protección de los migrantes, en particular en su declaración conjunta de los gobiernos de El Salvador y de México del pasado 14 de enero, para redoblar esfuerzos para prevenir y combatir los delitos cometidos contra los migrantes en sus respectivos territorios. En la administración del presidente de los estados unidos mexicanos, Felipe Calderón Hinojosa se han dado los más significativos avances en materia del respeto a los derechos humanos de los migrantes en las últimas cinco décadas. Los chiapanecos coincidimos con la visión del presidente de México y la acompañamos para honrar una política exterior, que se reconoce desde siempre como uno de los más altos valores de los mexicanos.

Desde nuestro punto de vista restringir la entrada con documentos o trámites complicados para lograr una visa, no detienen el flujo migratorio, sólo lleva a los migrantes a buscar rutas de extravío de la mano de traficantes de personas. Si el migrante no accesa por la puerta buscará entrar por otros medios que aumentan su vulnerabilidad y la delincuencia. Miles de personas evitan los pasos normales, para eludir los complejos trámites migratorios que por décadas han sido engorrosos para la internación como para el comercio, lo cual no evita que ingresen a México. Esos complicados trámites de internación bajo la absurda hipótesis de que endurecer el tránsito fronterizo sería favorable a México, con su relación con los Estados Unidos, ha resultado contraproducente pues por más de 50 años esta política resulta más bien un engaño al gobierno de los Estados Unidos. Pues en realidad propicia una cortina de humo que transfiere el movimiento fronterizo de los pasos legales hacia puntos sin control donde operan bandas de la trata de personas, el tráfico de armas y drogas.

Una frontera cerrada es también propicia para la corrupción de autoridades de los tres Órganos de Gobierno, que en ocasiones participan de esos delitos en vez de combatirlos.

Estoy convencido que una solución de fondo debe ser suspender la visa para los países centroamericanos, lamentablemente esa facultad no le confiere a un gobernador sino al Senado de la República. El Presidente Calderón está trabajando en una amplia reforma migratoria de avanzada, por ello pido paciencia y confianza con el presidente de mi país que tanto aprecia al noble pueblo salvadoreño.

Permitanme compartirles brevemente qué hemos hecho en Chiapas en estos últimos 4 años a favor de la migración. Empezamos quitando la palabra ilegal, nadie puede llamarse ilegal, nadie nace o se hace ilegal. Hemos sentado las bases de un modelo que empieza a plantearse en otras entidades de la república, como lo ha expresado el Gobernador de Oaxaca, y ya se discute en el congreso de la unión de mi país y que está enfocado en la protección de los derechos de los migrantes con garantías para su trabajo, educación y salud a sus familias.

Los chiapanecos queremos que la nuestra sea una frontera amiga y segura, en la que cumplamos con los migrantes que transitan por nuestro territorio, lo mismo que pedimos para los nuestros que cruzan la frontera norte: un trato justo, digno y respetuoso de sus derechos humanos. En Chiapas se tipificó como delito la trata de personas, el no tipificar el delito era fingir que no existía, cerrar los ojos, endurecer el corazón, en detrimento de mujeres niñas y niños; sin tipificar el delito de trata de personas, no era forma de combatirlas, al contrario era más fácil para la delincuencia organizada llevarlo a cabo si ser perseguidos ni castigados.

Ahora con la instalación de dos comités regionales contra la trata de personas en nuestro estado, enfrentamos a las redes criminales que cometen abusos y se aprovechan de la indefensión por quienes transitan en nuestra frontera. Mantenemos (vigilancia) permanente en las vías del ferrocarril escoltando salida desde nuestro estado, con un modelo policial único en el continente. La Policía estatal fronteriza, en Chiapas tenemos una Policía en favor de los migrantes y no en su contra. Con la fiscalía especializada para la atención de los delitos cometidos en contra de migrantes, única en su tipo, ellos pueden realizar sus denuncias en forma anónima, sin temor a ser deportados. He de subrayar que este modelo también se discute para ser replicado en otros estados de la república y ya es propuesta del poder legislativo de mi país, para aplicarlo a nivel federal.

Y algunos resultados de esta fiscalía son: de 2009 a 2011 os migrantes hicieron 1687 denuncias ante esta fiscalía estatal, de las cuales 246 fueron presentadas por salvadoreños, 163 varones y 73 mujeres. Un total de 202 de esas denuncias causaron indagatorias, de las cuales 99 están resueltas y 113 en trámites. Sólo en 2010 logramos desarticular 23 bandas delictivas dedicas al tráfico de personas.

Con el propósito de buscar la armonía entre chiapanecos y atender sin distingo de origen, credo, filiación de esas voces que se dicen y se sienten víctimas de injusticias en procesos de aplicación de la propia justicia, hemos establecido la mesa de reconciliación que revisa los casos de presos que organizaciones y particulares solicitan libertad, para revisar minuciosamente el caso y procurar su liberación. En el período 2009-2010 un total de 20 ciudadanos salvadoreños que ya estaban sentenciados a más de 20 años, a gestión de la embajada de El Salvador en México y sus consulados en Chiapas, alcanzaron el beneficio de la libertad por sentencia suspendida.

Toda persona merece un nombre y una patria, ahora las leyes permiten el registro de niños nacidos en Chiapas, sin importar el origen nacional de sus padres, ni la acreditación de su condición migratoria, (con lo cual) cumplimos el derecho a la identidad que nos propone la UNICEF. A la fecha se han otorgado más de 4 mil actas de nacimiento a esos nuevos chiapanecos. Eso también fortalece el lazo familiar, el sentido de hermandad y fraternidad con los hermanos países centroamericanos.

Compartimos la indignación por ese momento en que en el Estado de Arizona, de Estados Unidos, se aprobaba una ley que vulnera los derechos humanos de los migrantes. En ese mismo momento, el 23 de abril de 2010, ONG’s, diplomáticos salvadoreños, académicos y legisladores de México, Centroamérica y Estados Unidos celebramos en Tapachula el Foro Internacional para la Protección de los Derechos Humanos de los Migrantes. El foro dio como resultado la creación del Consejo Estatal de Derechos Humanos y la comisión dedicada exclusivamente a la protección de los derechos humanos de los migrantes, única en su tipo en América, aprobada por el congreso del Estado y que convierte a un organismo de vanguardia por la fortaleza de su autonomía.

Para fortalecer la labor consular hace unos meses inauguramos en Tapachula un edificio que da cabida a los consulados que tienen presencia en esa ciudad fronteriza, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, y Ecuador, así como los representantes de la notaria de la Cancillería mexicana y del alto comisionado de la ONU para los refugiados…

En mi país hay quienes critican a Chiapas por tener una política migratoria ya que esa es facultad exclusiva del gobierno federal. En Chiapas no tenemos política migratoria, tenemos políticas publicas para atender a la población migrante, porque tenemos la convicción de gobernar para todos. Por eso para mí es un honor, excelentísimos señoras y señores diputados de la Honorable Asamblea Legislativa de la República de El Salvador, conferirme la altísima distinción de “Noble Amigo de El Salvador”, que recibo en nombre del pueblo de Chiapas, de las y de los chiapanecos; la recibo con emoción y humildad como testimonio de una historia que nos une, de un futuro que nos enlaza y está presente, que nos da sentido: que conjuntamente luchamos por la defensa de los migrantes como un derecho inalienable que no debe confrontar naciones sino unirlas ante un fenómeno común.

Esta distinción la dedico especialmente a sus hermanos migrantes que parecen replicar al poeta Roque Dalton: “Junto a mi corazón los duros horizontes y las flores, junto a mi miedo el miedo que vencieron los muertos, junto a mi soledad la vida que recorro”… Los migrantes que caminan por montes y selva, que atraviesan ríos y barrancos, que derraman lágrimas y dejan huellas de fe en una larga travesía, que exponen su vida para buscar un mejor destino y una mejor vida para su familia, por tal razón al recibir este gran honor para un servidor, me comprometo a seguir trabajando coordinadamente con la cancillería mexicana, con la cancillería salvadoreña, con los tres Órganos de Gobierno, con la embajada, con los consulados, las ONG y la población en general para encontrar los mecanismos más adecuados para brindar total protección a los derechos humanos de los migrantes.

No puedo concluir sin dirigirme a las familias de los hermanos salvadoreños que por más de medio siglo han sufrido discriminación, difamación, violaciones a sus derechos humanos e incluso la muerte en su paso por Chiapas; a ellas a ellos le pido perdón por todos los agravios cometidos en mi tierra.

Nota: parte del discurso pronunciado por Juan José Sabines Guerrero, Gobernador de Chiapas, México, el jueves 10 de febrro de 2011, ante la Asamblea Legislativa de El Salvador, que lo declaró “Noble Amigo de El Salvador”, en reconocimiento a su labor en favor de los migrantes.

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