Luis Alberto Moreno: “América Latina ante una disyuntiva energética”

By on 21 junio, 2013

Luis Alberto MorenoPor Luis Alberto Moreno*

Según algunos pronósticos, el precio del petróleo se duplicará esta década, alcanzando los 200 dólares por barril.  Dado que en materia de generación eléctrica, en mayor o menor medida, todos utilizamos hidrocarburos para cubrir nuestras necesidades energéticas, tanto exportadores como importadores estaríamos afectados por esta realidad.

En América Latina, casi la mitad de la electricidad se produce con combustibles fósiles. El resto proviene mayormente de usinas hidroeléctricas. La participación de otras tecnologías de energía renovable, como la biomasa, la solar, la eólica, la mareomotriz y la geotérmica, es modesta – menos de 5 por ciento del total. Pero esas proporciones podrían cambiar radicalmente en los próximos años, en la medida en que derribemos ciertos mitos acerca de las fuentes de energía no convencionales.

En la actualidad, el uso de tecnologías de energía renovable suele ser visto como un gasto suntuoso, fuera del alcance de la región. También se supone que las fuentes alternativas sólo pueden cubrir una mínima porción de la demanda energética. Otra percepción es que no se puede depender de recursos intermitentes como el viento o la luz solar. Y por último, abundan las dudas de que podamos superar las barreras a la propagación de estas tecnologías.

Sin embargo, los precios de equipos como paneles solares y turbinas eólicas han caído rápidamente desde fines de la década pasada.  Por ejemplo, en países caribeños que dependen de combustibles pesados para generar electricidad, hoy ya es más barato recurrir a equipos solares.

En cuanto a la capacidad de las fuentes alternativas para suplir la demanda eléctrica, los recursos renovables disponibles en la región podrían satisfacer con creces no sólo la demanda actual sino también la proyectada para el año 2030, que sería entre dos y tres veces mayor al consumo actual.

La intermitencia de la producción eléctrica de fuentes solares, eólicas o mareomotrices puede atenuarse combinándolas con el uso de tecnologías de generación más flexibles, como la hidroeléctrica o la de gas natural, recursos abundantes en nuestra región. También podemos profundizar la integración regional de nuestras redes eléctricas, a fin de sacarle mayor provecho a sitios con gran potencial como la Patagonia para la energía eólica o los desiertos de Atacama y Sonora para la energía solar.

En materia de barreras a la difusión de estas tecnologías alternativas, lo cierto es que nuestras políticas y regulaciones eléctricas fueron concebidas para sistemas del siglo pasado. A diferencia de las usinas termoeléctricas, cuyos costos a largo plazo se concentran en el costo del combustible, las tecnologías de energía renovable requieren mayores inversiones iniciales. Podemos y debemos repensar estos mercados y hallar mecanismos que hagan financieramente atractiva su explotación.

Explorar alternativas para la generación eléctrica sería provechoso para nuestra región. Para América Central y el Caribe, por ejemplo, un aumento de 10 puntos porcentuales en la participación de los recursos renovables en su matriz energética implicaría ahorros de unos 20 millones de barriles de petróleo al año, casi 2.000 millones de dólares.

De hecho, según diversos estudios, la suma de los ahorros económicos y beneficios sociales y ambientales de las tecnologías de energía renovable hace que sus costos totales sean tan competitivos como los de cualquier combustible fósil.

Recientemente tuvimos la oportunidad de discutir posibles próximos pasos durante el primer diálogo regional del Foro Global para el Crecimiento Verde que se celebró en Bogotá bajo el auspicio del gobierno colombiano. El foro, iniciativa de un grupo de países desarrollados y en vías de desarrollo, empresas privadas y organismos multilaterales, promueve alianzas público-privadas para abordar los grandes desafíos planteados por el cambio climático.

Nuestros países hoy están ante la alternativa de elegir entre estrategias energéticas basadas en modelos del siglo pasado o mirar hacia el futuro. Hoy por hoy, tiene más sentido diversificar nuestras fuentes y apostar fuerte por las fuentes renovables.

* El autor es el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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