¿Cómo se manifestaba el romanticismo FORZADO en Ambrogi?

By on 3 octubre, 2013

Tirso CanalesTirso Canales: Fantasmario: (Una luciérnaga contra el oscurantismo)

La literatura romántica jugó un papel importante en la formación intelectual de Arturo Ambrogi, (1875/1936), aunque, no logró imprimir vivencias propias a sus relatos escritos bajo esas influencias. En él no se generó un proceso de asimilación correcta del precedente cultural en lo relativo a esta tendencia. El joven Ambrogi, fue de los autores que calcaron, temas del romanticismo erótico y decadente para su obra inicial. Por ello Leopoldo Lugones lo satirizó llamándole, “señorita azul” (4). Y el propio Ambrogi en su ensayo titulado, Leopoldo Lugones, lo dice con autoconfesión: “Aquella manera exquisita castellana por medio de un cultivo discreto; pero chocante y empalagosa en su exageración, muchas veces inconsciente, fue, en lo tocante a mí, una primera “factura”, una pura gimnasia intelectual para ayudar al desarrollo de los músculos; un simple reconocimiento del terreno; un esfuerzo de orientación, en fin” (5). En otro ensayo titulado, Historia de mi primer artículo, relata la forma en que envió un artículo a Rubén Darío, recién llegado de Suramérica a El Salvador, (1890) precedido de fama, para dirigir aquí el periódico “La Unión”. El resultado fue que Ambrogi pasó día tras día esperando la publicación, y ésta nunca fue autorizada por Darío.

En CUENTOS Y FANTASIAS el romanticismo forzado aparece con claridad. Uno de sus primeros relatos, Rose Pompon, (6) está realizado sobre argumento gastado ya en aquella época: la modemoiselle de París, al cabo de una vida voluptuosa, champagne y amantes ricos, muere tuberculosa. O bien narra la historia de Lidia Myller (7) campesina francesa, (huérfana para más endulzonar el relato) que llega a ser prostituta ilustrada de Paris, y hasta es versada en literatura. En la época de publicación de CUENTOS Y FANTASIAS, este autor escribía sobre un París imaginario, sacado de lecturas. El romanticismo de Ambrogi, era artificial. No faltaban frases exordiales –a la usanza de entonces – tales como “He aquí lectoras mías, un lindo y sugestivo tema”. Lo hacía para hablar a sus “lectoras”, de galantes bailes, a muchachas entrantes en la edad del amor, la “toilette”, la presentación en sociedad, el vestido de seda. Imaginaba a “Mignon, adorable reina de mayo, bajo la mañana cuando el cielo azul preludia el alba” (8). Era la época de Ambrogi enamorado. Escribía en ese tiempo una prosa seca, y hasta grandilocuente, sobre asuntos románticos como los citados. Sus concepciones estaban imbuidas de escepticismo, erotismo y esteticismo extremo. Al escribir sobre tomas semejantes a los esbozados indefectiblemente trasladaba a sus narraciones la esencia moribunda del romanticismo.

El estado romántico–enfermizo, de Ambrogi a finales del siglo XIX, se refleja en la nota que escribió con ocasión de la muerte de Jorge Isaacs: “Los que hemos leído a María, los que hemos pagado a Isaacs toda una amabilidad de artista, con el premio de nuestra lágrima, no podemos menos que vestir de luto el alma, que es a la que se viste toda negra cuando se llora al que se fue. En el jardín de mi alma, busco rosas luctuosas, myrtos de duelo, caléndulas de oro, para ofrecerlas a esa lejana tumba, que cobija el cielo de Colombia y arrulla por siempre, con su música fúnebre, un grupo de cipreses luctuosos” (9). Este era uno de los momentos más desvitalizados de la naciente labor literaria de Arturo Ambrogi. En el tratamiento de motivos de carácter romántico, sus aportes a la literatura nacional tienen escasa importancia desde el punto de vista creativo. Son valiosos, únicamente como puntos de referencia en el proceso de las concepciones estéticas explotadas por este escritor. Pocas páginas escritas bajo esta tendencia, ofrecen lenguaje un tanto fresco. Pero con todo y eso no son gran cosa, se limitan a relatos como “Entre las sombras” (10) y algunos otros más.

El encuentro con la obra de Alfonso Daudet (11), produjo en Ambrogi un fuerte impacto. Sin duda el realismo impresionista del ingenioso y fino francés, autor de Tartarin de Tarascón, dejó hondas y agradables huellas en Ambrogi. Este es un detalle de gran significación que influirá en el futuro evolutivo de la obra ambrogiana.

NOTA: Tirso Canales: Nació en San Salvador, el 26 de marzo de 1931.  Tirso Canales, cultiva, la poesía, el cuento, ensayo, teatro y la crítica literaria. Además de haber viajado por varios países, ha sido articulista de El Diario Colatino, El Salvador; Director de la Editorial Universitaria, Universidad de El Salvador, 1987, y ahora, 2 de abril de 2012, inicia la publicación de su fantasmario en el diario digital WWW.ELSALVADORNOTICIAS.NET. Como poeta, “cultiva preferentemente el tema social que deriva a lo político”. Entre su obra publicada se cuenta: Lluvia en el viento, (poesía, San Salvador, 1959); Los Ataúdes, (pieza teatral escrita en colaboración con Napoleón Rodríguez Ruiz h., revista Universitaria, San Salvador, 1963); El Artista y la Contradicción fundamental de la época, (ensayo, San Salvador, 1966); Crónicas de las higueras y otros poemas, ((poesía, San Salvador, 1970); Cien años de Poesía Salvadoreña: 1800-1900, en colaboración con Rafael Góchez Sosa, San Salvador, 1978; De aquí en adelante (Libro colectivo), San Salvador, 1967; poetas jóvenes de El Salvador (colectivo), San Salvador, 1960. Parte de su obra se encuentra en revistas como: Cultura del Ministerio de Educación de El Salvador y Revista La Universidad de la Universidad de El Salvador.

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