Los Acuerdos de Paz hay que cuidarlos, la guerra tiene una cara muy fea

By on 15 enero, 2016
Raúl Méndez, periodista salvadoreño.

Raúl Méndez, periodista salvadoreño.

Por Raúl Méndez

Un camarógrafo de Televisión salvadoreña venía trastabillando hacia atrás sobre la carretera hacia Nejapa, al mismo tiempo filmando, mientras las balas comenzaban a silbar cada vez más cerca, hasta caer y su instrumento de trabajo rebotaba en la calzada; el bombazo de FENASTRAS hacía temblar San Salvador; los Jesuitas eran asesinados en la madrugada en la UCA, y los bombardeos de la Fuerza Armada y los operativos contrainsurgentes eran continuos, luego llega la Ofensiva “Hasta el Tope” de los guerrilleros y se viene la firma de los Acuerdos de Paz, el 16 de enero de 1992, la decisión más acertada y sensata que he visto hasta ahora.  Y es más, quiero agregar ahora, que esos acuerdos deben ser como una planta que ha sido cuidada por las partes hasta hoy, y es justo y necesario que se siga vigilando, sobre todo ahora que ya cumple 24 años.

Un total de 10 años de guerra, me parece que fueron una eternidad, aunque podía decirse que la guerra ya había comenzado –de forma no declarada- desde 1980, y si la firma de los acuerdos se llevó a cabo el 16 de enero de 1992, realmente eran doce años de conflicto civil armado. Aunque para los datos históricos la guerra liderada por la agrupación guerrillera Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) fue declarada oficial el 10 de enero de 1981.

Cuando me refiero a la historia del joven camarógrafo, era un “chelito”, de la antigua Teleprensa, que gustaba usar pañoletas de colores y de lentes, casi así como los usaba o los usa el “tigrito”, que ya muchos le conocen por su largo trajinar en la filmación para El Noticiero, lo hago con el fin de hacer ver solo una parte de lo que tocaba vivir a los periodistas que cubrían los enfrentamientos entre la guerrilla y el ejército y la Policía Nacional, fuerzas combinadas.

Y cuando menciono el caso de FENASTRAS donde la detonación de una bomba destruyó buena parte de su edificio, al costado oriente del mercado ex Cuartel, poco antes de la Ofensiva hasta el tope, es porque son la cara más fea y más triste de un conflicto. Este bombazo ocurrió al mediodía y mucha gente llegaba a almorzar a la federación nacional sindical. Las víctimas del bombazo quedaron mezcladas, con comidas, bancas, sillas, restos de un portón de metal que fue volado en su totalidad. Una joven había quedado como sentada y alguna lata pasó cortando su parte superior de cuello y desapareciendo su cabeza. Mientras los periodistas para hacer fotografías o tomar datos pasaban sobre desechos de comida, restos humanos en una maraña blanquecina por una nube de polvo. Era la cara más fea de la guerra.

También está la muerte de los sacerdotes “Jesuitas” que –seguramente- deseaban ser escuchados con sus planteamientos para hacer un mejor país. Pero aquello no fue entendido en toda su dimensión y fueron blanco del ejército en su propio reducto, donde contaban con una única arma: la palabra llena de realidad nacional. Esta era otra cara fea de la guerra.

Atrás habían quedado la destrucción de puentes, muertes de vacas, muertes de alcaldes, por un lado, y por otro muertes de sacerdotes de forma injusta, masacres de comunidades completas, muertes de civiles que nada debían, por uno y otro bando. Los dos bandos mataban y querían generar miedo al contrario, por eso entre más horrendo fuera el daño, más impacto psicológico tendría el hecho. Era otra cara fea del conflicto civil armado salvadoreño.

De hecho la guerra no tiene cara bonita, por ningún lado que se le busque. Y mire qué cara bonita puede ser el hecho que un periodista encuentre a varios soldados muertos en una vivienda, con varios días de estar ahí, con unos cuerpos que habían multiplicado su volumen, y un hedor insoportable. Los civiles, obligados por los guerrilleros tenían que realizar tareas de limpieza y enterrar a los muertos. Vea y dos hombres dijeron: nosotros lo vamos a sacar. Y así fue. Tapadas sus narices entraron a la vivienda amarraron al primero de las dos botas y dijeron allá voy, halando hacia afuera. La gente curiosa –que nunca falta- al sentir la fetidez corrió despavorida, asustada, y más abajo a tirar todos los sagrados que habían ingerido. Sacaron a los militares uno tras otro. Y los enterraron. Al último le quedaba de fuera la punta de la bota. Tuvieron que desenterrarlo y volver a enterrar -como diría alguien- como Dios manda. El periodista llevó las fotos al diario, pero como allá estaba un interventor de la Fuerza Armada, entonces los muertos soldados aparecieron en la publicación del diario como que eran muertos guerrilleros. Esta es la otra cara de la guerra, la cara de la mentira.

Y durante la Ofensiva del 11 de noviembre de 1989, cuando los guerrilleros dejaron la lucha en el campo y la trajeron hacia la ciudad, ahí cambio la realidad. Los guerrilleros entraron a las residencias de las personas poderosas, hablando desde el punto de vista económico. Ya nadie podía estar seguro en ningún lado, el FMLN había demostrado que podía causar daño cuando quisiera, aunque de algo quizá estaban seguros, no podían derrotar al ejército salvadoreño bien financiado por Estados Unidos.

Entonces, no había que darle más vueltas al asunto: era mejor firmar los Acuerdos de Paz. Esos acuerdos que tuvieron un fuerte apoyo de las Naciones Unidas y de países amigos. El presidente Alfredo Cristiani, pese a tener sectores en contra de la firma decidió dar el paso, y el FMLN con una comisión negociadora donde sobresalía la Comandancia General con personas como Schafik Jorge Hándal (Q.E.P.D.), Joaquín Villalobos, Salvador Sánchez Cerén, Ferman Cienfuegos (Eduardo Sancho), y Roberto Roca, también decidió poner punto final a la guerra. Y la firma fue una realidad el 16 de enero de 1992, en México.

Llegar al fin de la guerra, suponía llegar a respetar los derechos humanos de las personas, y generar cambios hacia un sistema democrático de convivencia, donde se respetaran las decisiones políticas del pueblo, como ocurrió en 2009, donde hubo cambio de representación política gobernante. Aceptar los resultados, en este caso electorales, ha demostrado el grado de madurez política alcanzado en la sociedad salvadoreña.

Y ahora, esos Acuerdos de Paz que han alcanzado 24 años este 16 de enero de 2016, deben seguir siendo cultivados por todas las partes con el respeto político, con el respeto a los derechos humanos, con el respeto a la separación de Poderes, porque esa es la convivencia que le dará larga vida a los Acuerdos. Pero esos acuerdos se deben profundizar y llevar alivio a la gente pobre, porque de nada sirve que haya respeto en todo si nuestros hermanos campesinos no tienen los medios para producir, sobre todo en esta etapa de sequías; de nada sirve si la gente de menos recursos económicos no tiene una oportunidad de trabajo con un salario digno, y me refiero a un empleo creado por esferas gubernamentales y por empresas privadas también; de nada sirven los acuerdos si nuestros niños no tienen salud, si nuestros niños no tienen un ambiente cómodo y seguro para recibir el pan de la educación. Se debe garantizar que los niños tengan alimentación en todas las escuelas, porque hay niños que llegan a sus aulas sin poder concentrarse, y ¿saben porque? Porque no tuvieron alimento disponible en su casa.

Como dije al principio, la firma de los Acuerdos de Paz, fue la decisión más acertada y sensata que he visto hasta ahora.

Los Acuerdos de Paz hay que cuidarlos todos, la guerra tiene una cara muy fea.

Nota: Raúl Méndez en un periodista salvadoreño, con una carrera de fotoperiodista y redactor iniciada en 1987, ex empleado de El Diario El Mundo, La Prensa Gráfica, y Diario Lapagina.com/ Esta tierra está hecha para todos/Debemos ser tolerantes y vivir en ella/Solamente la paz y la tranquilidad son los estados que pueden darle vida a la población/Seamos parte de ese proceso de pacificación.

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