Venezuela con horizontes que presagian intervención extranjera

By on 19 julio, 2017

El fallecido fue identificado como Héctor Anuel, quien se desplazaba a bordo de una moto en en el municipio Diego Bautista Urbaneja del estado Anzoátegui (teleSUR).

Por Raúl Méndez

Opiniones/San Salvador/19-7-2017.- El tema del conflicto político-civil en Venezuela está tomando horizontes que presagian una intervención extranjera en un conflicto interno que no debía desbordar de esa manera.

Si se observa a lo lejos el acontecer de esa nación sudamericana, se podría decir que la oposición política se desesperó después de verse alejada del poder durante 16 años,  por el trajinar de la administración chavista.

Difícil fue para ellos perder una elección presidencial ante Nicolás Maduro, el presidente electo con todas las de la ley hasta 2019 (después de otras perdidas ante Chávez).

Y a finales de 2015 ocurrió que la oposición liderada por la MUD ganó las elecciones legislativas. Tuvo un señor gane, con la mayoría de diputaciones. Pero eso como que los envalentonó y comenzaron a amenazar con sacar a Maduro de la presidencia en seis meses.

Esa presión fue tomando mayor empuje hasta llegar al movimiento revolucionario de derecha que se vive en Venezuela, con protestas de calle, cierres de calles, quemas de vehículos, apedrear instituciones de gobierno, etc. Ese movimiento se justifica porque el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), emitió una sentencia contra la Asamblea Nacional el 30 de marzo 2017, donde afirmaba que asumía las competencias de la Asamblea Nacional, una decisión que luego suprimió. Dichos actos de violencia ya dejan más de 90 fallecidos. ¿Y esos muertos? ¿Serán la cuota de sacrificio del pueblo en ese tipo de movimientos sociales revolucionarios? Mientras la base social que defiende al gobierno de Maduro, al PSUV,  también han realizado. Dicho movimiento opositor ya lleva más de 100 días. Mantener una protesta de 100 días debe requerir una inversión bastante grande.

Y hubo un hecho que bien pudo dar un giro al movimiento social, por uno armado, cuando Óscar Albero Pérez tomó un helicóptero del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (CICPEC), al Tribunal Supremo de Justicia y al ministerio del Interior. Según las autoridades venezolanas, Pérez, un inspector de transporte aéreo, habría disparado 15 veces contra Ministerio del Interior y lanzado 4 granadas al Tribunal Supremo de Justicia. Pero el caso no pasó a más de ser un delito de terrorismo.

Días después, el 7 de julio, el TSJ, otorga arresto domiciliario al líder opositor Leopoldo López, lo cual como que le quita parte de su justificación al movimiento.

A todo eso desde el 1º  de mayo el presidente Nicolás Maduro anuncia la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente, que incluye una reforma a la Carta Magna vigente, especialmente en aspectos que garanticen su defensa y seguridad. Esa Constituyente ha sido rechazada por la oposición, cuya Asamblea Nacional que dominan ha quedado en nada.

La votación para la Constituyente está programada para el 30 de julio. Y el gobierno de Estados Unidos, de Donald Trump, ha expresado que “si el régimen de Maduro impone su asamblea constituyente el 30 de julio, Estados Unidos tomará acciones económicas firmes y rápidas”. Pero Maduro ha rechazado esa advertencia y ha respondido con que la Constituyente va, y además están revisando “a profundidad las relaciones con esta nación, recalcando que “¡No permitiremos humillaciones de nadie! (…) Este es un día oscuro en las relaciones- no sólo entre Venezuela y EE UU- sino entre Latinoamérica y EE UU”.

Esas manifestaciones políticas suponen el incremento de un conflicto entre Venezuela y Estados Unidos, lo cual podría llevar a una guerra. Una guerra contra Venezuela avalada por la OEA de Luis Almagro, que hace recordar un panorama de las relaciones que se vivían allá por la década de los 70’s con regímenes militares. A nivel internacional se observa a la OEA y países de gobiernos conservadores haciendo su trabajo en apoyo de la oposición. Ya se sabe del poderío de Estados Unidos, para superar a Venezuela. Pero como he dicho en otras ocasiones, Estados Unidos no necesita enemigos políticos, necesita amigos en la región.

¿Qué pasa si cae Venezuela? Lo que se puede esperar es que haya caos, conflictos civiles en todos los países latinoamericanos. Colombia y su proceso de paz estarían en la cuerda floja, y los conservadores detentaríán el poder. ¿Volverían al poder los gobiernos de facto? Serían problemas serios para todos, y las promesas de las políticas de libertades, libertad de información, libertad de prensa, respeto de derechos humanos, le dirían adiós a las sociedades actuales.

Todo eso la Organización de las Naciones Unidas (ONU) no debería permitirlo. Porque ¿a quién beneficiarían los conflictos? ¿Beneficiarían esos conflictos a la gente pobre y trabajadora? Claro está que no. Por eso es mejor buscar salidas pacíficas a los problemas.

Es probable que ahora veamos peticiones de que vuelva todo a la normalidad en Venezuela y que se vaya a elecciones libres, después de todo este problema, pero son ellos, los venezolanos los que deben dialogar y llegar a acuerdos.

Lo importante es que unos y otros respeten las reglas del juego.

Nota: Raúl Méndez en un periodista salvadoreño, con una carrera de fotoperiodista y redactor iniciada en 1987, ex empleado de El Diario El Mundo, La Prensa Gráfica, y Diario Lapagina.com/ Esta tierra está hecha para todos/Debemos ser tolerantes y vivir en ella/Solamente la paz y la tranquilidad son los estados que pueden darle vida a la población/Seamos parte de ese proceso de pacificación. Para contactos: raumendez@yahoo.com

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