Motivación: elemento fundamental para la enseñanza y aprendizaje en la educación superior

By on 24 febrero, 2018

Lester Caballeros, Académico e investigador.

Por Lester Cabaleros.

 

Palabras claves

Aprendizaje, conocimiento, enseñanza, Motivación.

Motivación el contexto universitario

Entender el comportamiento del ser humano, es uno de los grandes retos que durante años muchas personas han abordado. En este sentido y a nivel general, se interpreta la motivación como aquella fuerza que impulsa al hombre a realizar determinadas acciones. Esto supone en el mejor de los casos, el avance de un individuo desde un punto de inicio hacia otro más avanzado. Es decir, dependiendo del resultado que obtenga, a la motivación puede vérsele “como el proceso que provoca cierto comportamiento, mantiene la actividad o la modifica” (de la Mora, 2003).

En el plano educativo, la universidad tiene como uno de sus principales objetivos dotar de conocimiento a quienes acuden a ella. Sin embargo, para que los estudiantes estudien y aprendan, primero deben tener voluntad para hacerlo. En ese sentido, uno de los principales problemas ─de los que actualmente existen y se observan─ es que muchos de ellos no están motivados, lo cual dificulta el proceso de enseñanza y aprendizaje.

Más allá de las aulas, la falta de motivación es un problema que afecta significativamente la vida de cada estudiante, motivo por el cual debe catalogársele como un aspecto muy importante. Un alumno no motivado es incapaz de desarrollar todo su potencial y, por consiguiente, de aprender adecuadamente. Esto afectará su desempeño académico y todas las actividades personales o profesionales que tenga en la vida, es decir, un sujeto que no está motivado realizará el mínimo esfuerzo por superarse como miembro de una familia o, sin duda, presentará resultados inadecuados en los trabajos que se le pidan.

La motivación en acción

Debido a que la motivación es intangible, es necesario analizar poco a poco diversos aspectos acerca de ella. Para empezar se puede decir que “(…) se alimenta de las necesidades psicoacadémicas del alumno de controlar sus propias decisiones (autonomía), hacer las cosas de manera satisfactoria (aptitud), sentir que forma parte de algo mayor (pertenencia y relación), sentirse bien consigo mismo (autoestima) y hallar placer en lo que hace (participación y estímulo)” (Raffini, 1998).

Esto significa que los alumnos desean tener más control sobre la manera y algunos de los contenidos que se les enseñan. De igual manera, cada uno de ellos necesita sentirse capaz de realizar las tareas que se les pidan, así como de alcanzar todas las metas que se plantean. Un aspecto importante, es que durante el proceso de enseñanza y aprendizaje todos los alumnos necesitan relacionarse. Al respecto, según Maslow el ser humano tiene ciertas necesidades sociales y para estar equilibrado, debe cubrirlas. En este punto es necesario mencionar la importancia de las relaciones sociales en cualquier grupo de estudio, pues a la fecha existen algunos docentes que no las permiten y actúan como si estuvieran en la época de la Inquisición.

Queda claro que los alumnos necesitan relacionarse por cuestiones humanas, sin embargo, también el que compartan y se comuniquen es una oportunidad para que exista el aprendizaje. De acuerdo con la teoría de la zona de desarrollo próximo de Vigotsky, la interacción entre los sujetos (uno que enseña y uno o varios que aprenden) facilita el aprendizaje. Es bueno aclarar que Vigotsky señala únicamente ‘sujeto que enseña’, sin que sea necesariamente un docente. Esta acción puede ser también de uno o varios alumnos hacia el resto del grupo; de ahí, la importancia de que exista comunicación entre ellos.

En el entorno social, la identidad de una persona se encuentra integrada por diversos elementos. La autoestima considerada como la percepción que un alumno tiene de sí mismo, permitirá que sea o no responsable de su conducta. Para Dreikurs y Connell, citados por Raffini (1998) “los alumnos se sentirán mejor consigo mismos y más motivados a participar en el proceso de aprendizaje si se siente conectados con los pares, los docentes y los padres, y ocurrirá lo contrario si se sienten amontonados o separados”.

En cuanto a la participación y el estímulo, al ser humano le agradan por naturaleza las actividades que son divertidas. Quiere decir que para que un sujeto se motive por aprender las actividades de enseñanza deben ser atractivas. Si los estudiantes no están motivados, la labor de enseñar convierte el proceso de aprendizaje en una actividad aburrida, por el contrario si tienen la motivación necesaria las probabilidades de que el proceso funcione adecuadamente y con calidad son positivas. “La calidad tiene que ver con hacer bien lo que hacemos. Consecuentemente, mejorar la calidad tiene que ver, a su vez, con hacer mejor lo que estamos haciendo” (Bowden y Marton, 2012).

Uno de los objetivos educativos de un centro de estudio es que quienes asisten a clases adquieran conocimiento; y para entender cómo sucede, es necesario conocer tanto el aspecto físico del cerebro del hombre como la parte natural de sus pensamientos. Es decir, primero se analiza a nivel fisiológico cómo funciona el sistema nervioso central (SNC) y luego a nivel cognitivo cómo asimila, equilibra y acomoda un alumno toda la información que recibe. De igual manera es importante recordar que en todo momento “los sentimientos y emociones constituyen un factor importante en el proceso de aprendizaje. Ayudan a la facilitación de este y son aspectos de la motivación” (Kelly, 1982).

En la actualidad, muy pocos modelos de formación toman en cuenta el valor de las emociones. Cuando la enseñanza o los contenidos provocan en los estudiantes una reacción negativa es muy difícil que suceda la adquisición cognitiva. En este sentido, basta con observar qué tipo de materias o metodologías rechazan y cuáles les parecen más atractivas. Se considera que la comprensión de este tipo de aspectos servirá a aquellos docentes que quieran crear otro tipo de condiciones para obtener resultados más efectivos.

Algunos de los principales problemas que persisten en el sistema de enseñanza tradicional son la enseñanza unidireccional y la memorización excesiva. Es decir, muchos docentes trasladan información y esperan que solo con eso los estudiantes aprendan. No existe un diálogo. Adicionalmente, exigen que cada uno de los alumnos la repita de manera verbal o escrita. Esto, sin duda “incide muy negativamente en la motivación por aprender, dado que no se aprende de un modo significativo o comprensivo y no se percibe gran agencialidad, sino más bien pasividad, en el proceso de aprendizaje que tiene lugar” (Asensio y Asenjo, 2011).

Para salir de este esquema, el alumno debe dejar de ver el proceso de aprendizaje como si la actividad que ejerce fuese un trabajo, como algo que le molesta. Por el contrario, debe experimentar y encontrar formas que conecten los factores cognitivos y emocionales que por naturaleza posee. Ciertos modelos lo integran teóricamente de esa manera, porque “si la educación tiene que ver con la personas y si sabemos que las personas son diferentes, entonces la educación es una empresa que tiene que ver con la diversidad humana” (Salas, 2008).

En ese sentido, estar al pendiente de la heterogeneidad de los estudiantes, ayudará a motivarles de una mejor manera. El asunto es tener clara la diversidad existente, pues al igual que todos ellos, cada uno de los docentes que enseñan tiene una formación y pasión diferente. El docente que logre que la mayoría de sus estudiantes estén motivados habrá avanzado una buena parte del largo camino, para luego dedicarse a enseñar y mejorar la práctica diaria.

Hoy, existen algunos docentes que están preparados para afrontar el reto de motivar a sus estudiantes, pero otros ni siquiera conocen del tema. Esto abre una serie de posibilidades para poder empezar a formarlos con la finalidad de que muy pronto muchos más puedan implementarlo. “Esta tarea se presenta como una labor complicada pero también como un reto apasionante que podría hacer realidad el sueño de una universidad moderna que da respuestas eficaces en el seno de una sociedad cambiante” (López, 2007).

Todos estos elementos que con anterioridad se mencionan inciden en la motivación de cada estudiante, afectado de manera directa su aprendizaje. En algunos casos el resultado que obtengan será positivo y quizás en la mayoría no tanto. En este punto final es importante remarcar que “las emociones y sentimientos también juegan un papel clave en el aprendizaje, al preparar al aprendiz para actuar en un sentido amplio, en formas que pueden favorecer o no la continuidad en el aprendizaje” (Monereo y Pozo, 2011:102).

Opinión del estudiante universitario

El objetivo al investigar la motivación como un elemento fundamental para el aprendizaje era determinar qué elementos afectan la motivación de los estudiantes durante el proceso de enseñanza y aprendizaje. Para lograrlo se diseñó un cuestionario en el que se tomaron en cuenta elementos tales como el método, los contenidos, la preparación del docente, la participación de los estudiantes y la innovación educativa, entre otros de igual importancia.

Luego de un intenso estudio y trabajo de campo, los resultados revelan que la mayoría de estudiantes consideran que el método de clase expositiva afecta el nivel de motivación que tienen por el aprendizaje. En la opinión de muchos de ellos este tipo de enseñanza es repetitiva y les exige en la evaluación un alto grado de capacidad memorística. De acuerdo con esto, un gran número de alumnos considera que el docente puede enseñar los temas de una manera distinta para alcanzar un mejor aprendizaje.

En ese sentido, la mayoría coincide en lo importante de que el docente maneje la teoría, pero también creen necesario que tenga algún grado de práctica laboral para que, al enseñar, pueda relacionarlas. Esto facilitaría la opinión de cada alumno, con base en su experiencia y estimularía las ideas de manera individual o colectiva. Muchos de ellos quieren practicar, debatir y opinar, pero no todos los docentes, aún sean los más preparados, se los permiten.

Según el aprendizaje significativo de Ausubel para que el estudiante aprenda, la información que recibe durante las clases debe tener cierto sentido. De acuerdo con esto, la mayoría de alumnos requieren que se reduzcan los grandes volúmenes de información y se sustituyan con más ejemplos prácticos. Solicitan que lo que se les enseña este contextualizado, pues de esta manera comprenden y aprenden de una manera más efectiva.

Un aspecto importante es que el empoderamiento y la práctica diaria desarrollan la confianza y habilidades de cada participante. Los alumnos quieren mejorar en muchos sentidos, en aspectos tales como la dicción y el control de las emociones. Muchos aspiran a lograr un verdadero aprendizaje y tienen claro que quieren aprender para toda la vida. Ya comprobaron durante años que la enseñanza y evaluación memorística solo producen un tipo de aprendizaje cortoplacista.

De acuerdo con lo anterior, la opinión general es que el docente evaluaría de una mejor manera los conocimientos si deja de lado los requerimientos de memorización y se traslada a un escenario de comprensión y aplicación real de los contenidos. Todos quieren aprender, pero desean hacerlo de manera eficiente. De igual forma, si un docente ve que los estudiantes aprenden, también estará motivado y esto hará que utilice mejores técnicas de enseñanza. Todos los seres humanos tienen necesidades de logro, por lo que puede afirmarse que ellos también necesitan alcanzar todas las metas educativas que se propongan.

Para aquellos que se resisten al cambio, la innovación en el proceso de enseñanza y aprendizaje les parece una ardua tarea. La zona de confort es un lugar muy placentero, pero el método que actualmente se utiliza requiere cambios radicales y los estudiantes afirman poder enfrentarlos. Esto, en un inicio, se plantea como una necesidad, pero puede verse también como una oportunidad para mejorar.

A nivel administrativo, la universidad es vista como una organización que también tiene sus objetivos. De acuerdo con esto, si uno de ellos es mejorar la calidad educativa de sus estudiantes, debe tener como mínimo un plan de capacitación para quienes enseñan con el fin de que se desempeñen de mejor manera. Esta actualización no se trata solo sobre la enseñanza que brindan, tiene que ver más con cuestiones humanas, ya que para que los estudiantes se motiven y aprendan tienen que ser alentados de manera adecuada por quienes educan.

Conclusiones

  1. La motivación del estudiante universitario es un tema al que pocos consideran un asunto valioso. Sin embargo, basta con observar los índices de repitencia o deserción para que el tema empiece a tomar relevancia. Un alumno que está motivado aprende y se desarrolla de una mejor manera. Para que esto realmente suceda, aquellos que se encargan de educar así como los que dirigen los centros de formación, deben en muchas acciones estar alineados.
  2. Cada alumno que asiste a las aulas lleva consigo una serie de experiencias individuales que le dan vida al autoconcepto que tiene. Por tal motivo, la universidad debe brindar un sistema de educación que responda a las necesidades de formación que cada uno de ellos requiere. Hoy, gracias a la tecnología, grandes cantidades de información se encuentran a la mano de todos, pero la educación no se trata de eso, su fin no es memorizar y repetir una serie de cosas. Aprender tiene que ver más con el desarrollo de habilidades y la manera en que se utilizan para mejorar la vida individual y el entorno.
  3. Para hacerlo posible, es necesario cambiar mucho de lo hasta ahora se viene haciendo. Los estudiantes están mejor informados y eso les permite tener claro qué es lo que necesitan. Si se habla de habilidades, necesitan un pensamiento crítico y mejorar su conocimiento para poder expresarse. Quieren algún día, luego de sus esfuerzos, mejorar el rol de aprendiz y convertirse en verdaderos profesionales.

Bibliografía

Asensio, M. y Asenjo, E. (Eds.). (2011). Lazos de luz azul: Museos y tecnologías 1, 2 y 3.0 Barcelona, España: Editorial UOC.

Bowden, J. y Marton, F. (2012). La universidad un espacio para el aprendizaje: Más allá de la calidad y la competencia. Madrid, España: Narcea.

Caballeros, L. (2017). Motivación: Elemento fundamental para la enseñanza y aprendizaje de la teoría administrativa a estudiantes de la Licenciatura en Ciencias de la Administración en una universidad privada de Guatemala. (Tesis Doctoral). Guatemala: Universidad Mariano Gálvez de Guatemala.

De la Mora, J. (2003). Psicología del aprendizaje 1 (8ª. Reimp.). México: Editorial Progreso.

Kelly, W. (1982). Psicología de la educación (7ª. Ed.). Madrid, España: Ediciones Morata.

López, F. (2007). Metodología participativa en la enseñanza universitaria. Madrid, España: Ediciones Narcea.

Monereo, C. y Pozo, J. (2011). La identidad en psicología de la educación: Necesidad, utilidad y límites. Madrid, España: Ediciones Narcea.

Raffini, J. (1998). 150 Maneras de incrementar la motivación en clase. Argentina: Editorial Troquel.

Salas, R. (2008). Estilos de aprendizaje a la luz de la neurociencia. Bogotá, Colombia: Cooperativa Editorial Magisterio.

 

Lester Estuardo Caballeros Hernández

Académico e investigador. PhD. en Educación. Posee una Maestría en Administración de Recursos Humanos y el título de Licenciado en Administración de Empresas. En la parte educativa dirige actualmente, varios proyectos para el desarrollo humano – empresarial. Miembro de la comunidad AZ.

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